| Nuestra cultura de la destrucción de bosques |
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| Escrito por María Valdés Ramírez |
| Miércoles 03 de Febrero de 2010 09:37 |
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Por falla de instalación eléctrica, se reemplazó el artículo a ser publicado el 10/03/10 por uno previo de publicación. Se repone la siguiente entrega. Según el programa de las Naciones Unidas del Medio Ambiente, la pérdida de la cubierta vegetal en los ecosistemas nativos y la deforestación dentro del territorio nacional son los principales problemas ambientales que afectan el equilibrio ecológico y la biodiversidad del territorio nacional (PNUMA, 2004). El mismo programa registra en México una pérdida de 6.3 millones de hectáreas de bosque en 10 años, de 1990 al 2000. La pérdida anual de medio millón de hectáreas de bosques y selvas producto de la deforestación le cuesta a México, según el Banco Mundial, el 10 por ciento del Producto Interno Bruto, además del agotamiento de la biodiversidad. Entre las causas más frecuentes que provocan la degradación del suelo están el sobrepastoreo, la tala inmoderada y las malas prácticas agrícolas y ganaderas. Además de esto, la degradación química que se presenta en forma de salinización sobre todo en zonas áridas, las cuencas cerradas y las costas, también degradan el suelo. La deforestación conduce a la desertificación. Vale la pena aquí repasar el significado del término “desertificación”. Ésta se define como la pérdida del potencial biológico de un ecosistema. El 68% de hectáreas del territorio nacional, es decir 123.3 millones de hectáreas, ha perdido más del 50% de su potencial biológico de productividad original, afectando directa e indirectamente a más de 100 millones de habitantes. En México el porcentaje de territorio afectado por erosión en grado severo y muy severo asciende a casi el 69%, donde el 29.1% es por erosión hídrica, y el 61.2 % por erosión eólica. La causa de la desertificación la produce la pérdida de la cubierta vegetal originada por diferentes factores, como son el mal uso y mal manejo de los suelos que incluye tecnologías inapropiadas, tecnologías que se usan adecuadamente en otros países y que no son apropiadas para las condiciones mexicanas. Obviamente esto conlleva un alto costo tanto económico como ecológico. Aunado a todos estos factores, las áreas reforestadas no se protegen en nuestro país. En las áreas de reforestación, generalmente en zonas marginales, los animales hambrientos, en la época de secas al encontrar el único material verde, se alimentan de los pinitos que se transplantan. Y no sólo eso, los campesinos que en nuestro país están en estado marginal grave o las personas con influencias, queman los árboles para darle otro uso al suelo. Los investigadores que hacemos esfuerzos por contribuir a la solución del problema, haciendo diferentes ensayos de reforestación, nos vemos frustrados por esta situación. Este es el caso de un bosque que formamos hace 30 años en Tepetlaoxtoc, Estado de México, donde con el apoyo de la entonces subsecretaría Forestal y de la Fauna se metió maquinaria pesada para hacer terrazas, dada la pronunciada pendiente del terreno, para luego transplantar un total de 8 mil plantas de pino previamente tratadas microbiológicamente en el vivero. A este bosque se le prendió fuego en la temporada pasada de secas. Tenemos fotos y videos como prueba de que el incendio fue intencional. Solicitamos ayuda al gobernador del estado para detener ese acto criminal, sin que hasta la fecha tengamos respuesta. Los bosques se deben cuidar por muchas razones. Son reguladores del clima, por lo que juegan un papel fundamental en la mitigación del cambio climático, pero son muy sensibles al mismo, por lo que son indicadores del cambio climático global. Los mecanismos de la moderación son a través de la conservación de la reserva de carbono y de la captura del mismo. Los bosques mantienen cantidades elevadas de este elemento tanto en la propia biomasa de los árboles como en el suelo (la FAO indica que el suelo forestal tiene un stock de “C” de 393.86 toneladas por hectárea), y por otro lado capturan grandes volúmenes del carbono atmosférico a través de la fotosíntesis. Además, los bosques son reguladores de las condiciones climáticas necesarias para el desarrollo de la agricultura, proporcionan el hábitat o albergue para los animales silvestres, y los bienes escénicos, o lugares de recreación y tranquilidad, necesarios para el equilibrio emocional humano. Los bosques también proporcionan muchos productos de valor comercial; los más comunes y más valiosos económicamente son la celulosa y la madera, las resinas, el látex, las plantas con ingredientes medicinales y alimentos como los hongos silvestres. A pesar del fracaso de la cumbre de Copenhague para detener el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero, se llegó a algunos acuerdos y se presentaron algunos programas. El Programa Especial de Cambio Climático 2009-2012 (PECC) estima que el 30 por ciento de las reducciones de emisiones de México pueden lograrse evitando la deforestación, la degradación de los bosques y la recuperación de las áreas forestales. El gran desafío para México como anfitrión del debate climático de la ONU en este año será asumir el protagonismo en las discusiones con hechos y no discursos, es decir, evitar la deforestación y la degradación de los bosques mediante la protección y conservación de su salud; debe ser una alta prioridad en contra del cambio climático. Esto podrá conducir a un manejo sostenible de los bosques y mejorará la tasa de captura de carbono, además de que estos procesos conducirán también a beneficios sociales y económicos para amplias regiones rurales del país, donde 13 millones de personas habitan y dependen directamente de los bosques. Por todo lo anterior, al mexicano desde niño se le tiene que inculcar el amor a la naturaleza y su conservación para revertir los daños provocados por el desprecio que, en una forma constante, hemos manifestado hacia la misma. Publicado en La Crónica de Hoy miércoles 3 de febrero de 2010 |
La autora es profesora investigadora de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, e integrante del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República.
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