| Inversión en ciencia y tecnología |
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| Escrito por Francisco J. Sánchez-Sesma |
| Miércoles 16 de Mayo de 2007 05:17 |
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Por un debate nacionalista para la inversión en ciencia y tecnología Es impensable el futuro de un México soberano y próspero sin tecnología mexicana. Hay quienes piensan que los recursos para la ciencia y la tecnología, para la educación, son excesivos y que hay que ahorrar haciendo recortes. Que no se nos olvide, en este rubro como en otros, lo barato cuesta caro. Para hablar de la relación beneficios-costos hay que calcularlos bien. Es difícil proponer una vía de acción. El problema es enorme, pero espero que sirvan estas líneas para suscitar la discusión, armar los consensos, propiciar las acciones. Si logramos un caso de éxito en serio, los ejemplos pueden multiplicarse. En este momento la inversión en ciencia y tecnología es insuficiente, todos lo reconocen, pero además la estamos desperdiciando. En su gran mayoría está dedicada a cubrir los salarios de profesionales que hacen lo que pueden, pues no están expuestos a los principales problemas que enfrentamos. Ni siquiera se ventilan abiertamente los grandes retos que tenemos en diversos ámbitos y por lo mismo las acciones son desordenadas y por eso no convergen a ninguna parte: las contribuciones son escasas, aisladas. Si identificamos problemas específicos e invertimos cuidadosamente en ellos, los efectos multiplicadores serían enormes. Al hablar de inversión cuidadosa quiero decir transparente y ágil, con gestión inteligente y eficaz. Ahora la administración pública es asfixiante y desanima cualquier intento de organización de los investigadores. Ciertamente, hay que cuidar que los recursos se apliquen correctamente y si se corren riesgos, que sean calculados por los mismos técnicos. La experiencia de técnicos mexicanos patriotas como don Fernando Hiriart, quien sirvió al país desde distintos puestos de la administración pública, debe rescatarse y valorarse ante los excesos de fiscalización. En aras de la “transparencia” y de la “rendición de cuentas” se llega a excesos increíbles. ¡Oh transparencia!, ¿Cuántos crímenes se cometen en tu nombre? Es aberrante poner la administración de proyectos científicos y tecnológicos en manos de quienes no saben lo que implica hacer ciencia o generar tecnología. Hace unos días, en este espacio, la doctora Mayra de la Torre hacía un recuento parcial de los problemas nacionales en ciencia y tecnología. Su texto es un magnífico y conmovedor alegato por la ciencia. Nos cuenta en él de casos de éxito en el mundo y resalta algunos del presente mexicano. No deberíamos echar en saco roto estas experiencias. Tenemos un caso de éxito: la UNAM ha inaugurado recientemente su nueva supercomputadora. Se le dio el nombre de KanBalam, un matemático célebre de la época de esplendor de la civilización maya. Con este equipo el país tiene acceso a grandes capacidades de cálculo numérico. KanBalam es una de las supercomputadoras más rápidas en el mundo. Es 7,000 veces más potente que la primera supercomputadora de la UNAM, la CRAY de 1991 y casi 80 veces más poderosa que el equipo AlphaServer SC45, adquirido en 2003. El secreto para aumentar el rendimiento consiste en partir el problema en partes que puede resolver cada procesador. KanBalam cuenta con 1,368 procesadores, una memoria RAM de 3,016 Gigabytes y un sistema de almacenamiento masivo de 160 Terabytes que puede procesar 7,113 billones de operaciones aritméticas por segundo. Los procesadores se comunican entre sí a través de redes de alta tecnología. Los proyectos de investigación que se están beneficiando con KanBalam abarcan desde simulaciones químicas o mecánica de fluidos, hasta estudios sísmicos o de cambio climático. Este logro de la UNAM muestra el camino que debería seguirse en muchos rubros. Urgen inversiones concurrentes: becas para estudiantes, plazas bien remuneradas para académicos, laboratorios, fomento y estímulo a la vinculación con la industria, etc. Consideremos un ejemplo de lo que podría ser un área de oportunidad para México. En efecto, la exploración y explotación petrolera en aguas profundas parece ser una prioridad nacional, dado que la producción de crudo está declinando y nuestras reservas no dan para muchos años. La manera de abordar el asunto es acudiendo a los brasileños y a la inversión extranjera. Los brasileños hicieron alianzas con los noruegos y los alemanes, con los chinos y los franceses y al parecer dominan las tecnologías involucradas. Sin duda, eso nos lo van a cobrar. Lo que ya deberíamos estar haciendo es formar los grupos de trabajo en las tecnologías que implican los problemas en aguas profundas. El catálogo de problemas ya se conoce. El Instituto Mexicano del Petróleo tiene ya un programa de desarrollo en esa área. Sin embargo, no parece que se haya difundido explícitamente la estrategia para entrarle al toro. Sospecho que prevalece la convicción de que no podemos, que hay que ser “seguidores fuertes”, término muy desafortunado para no reconocer explícitamente nuestra desorganización. Tal vez los problemas residan en el financiamiento, en la burocracia y la desorganización. Estoy convencido de que hay que tomar riesgos. Y no son muchos: es más eficaz y con mayores efectos multiplicadores un peso invertido aquí, que en Houston o Londres. Se debería convocar a nuestros industriales y académicos para que conozcan los problemas que hay que resolver. La capacidad instalada ya está ahí, literalmente instalada en las universidades e institutos tecnológicos del país, sobreviviendo pues, pero sin estímulos reales, con una cuantiosa inversión marginal desaprovechada. Los industriales no quieren arriesgar a pesar de los esfuerzos del Conacyt. Por otra parte, los académicos están aislados de los retos nacionales y de sus colegas, pues no se estila el trabajo en equipo, estimulados a medias para que no protesten. Los más activos se ven impulsados a publicar sus resultados en revistas de calidad (lo que no necesariamente está mal) y reciben estímulos a su productividad. Pero todo esto sin un plan. Veamos el tema de las aguas no tan profundas. Nuestro principal exponente nacional de éxito en la capacidad de inversión, el ingeniero Carlos Slim, en una alianza con los noruegos y contratando a ingenieros mexicanos con experiencia, que dejan el IMP, consigue armar una compañía que construye plataformas marinas para Pemex. Sin lugar a dudas, esta iniciativa estimulará la industria y la tecnología en México y generará empleos bien remunerados para los científicos, ingenieros y técnicos mexicanos. Deben estudiarse las condiciones en que esta experiencia se basa. Este ejemplo debería estimular a otros industriales mexicanos a invertir en México. Otro caso que deberemos estudiar es la experiencia de la construcción del Proyecto Hidroeléctrico “El Cajón”, que llevó adelante la Comisión Federal de Electricidad, en Nayarit. La CFE ha estudiado el caso desde hace muchos años y, en todos sentidos, lidera el proyecto; la planeación es muy cuidadosa, de largo plazo. El financiamiento se logró mediante un cóctel impresionante de bancos internacionales (el aval lo dio la CFE que asumió los riesgos geológicos). Los técnicos mexicanos y las compañías constructoras nacionales (en alianza con los rusos, que trajeron la tecnología para las turbinas) hacen su chamba y se obtienen resultados espectaculares. Habrá que resolver las preguntas que surgen. ¿Era la única forma de contar con esa presa? parece que sí. ¿Se pagará sola? también es el caso. ¿Deberíamos hacer todo así? sí, si las circunstancias son semejantes. Lo que distingue al proyecto es una cuidadosa planeación de largo plazo. Ciertamente, estamos ante un caso especial en el que la CFE hace gala de la enorme experiencia mexicana en el área. ¿Cómo hacer que la creación de ciencia y tecnología en el país sea el sustento de más casos de éxito? Sin duda, debemos modernizarnos para poder reducir las diferencias de ingresos entre los que más y los que menos tienen. Debemos hacer las reformas que requerimos a partir de un debate serio y solidario, pero sobre todo nacionalista. El autor es Investigador Titular, Instituto de Ingeniería de la UNAM, Presidente de la Academia de Ingeniería y miembro del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República Publicado en el diario La Crónica de Hoy el 16 de mayo de 2007 |